lunes, 5 de junio de 2017

Pitahaya, la fruta del fuego y del dragón



La producción de la fruta del dragón, como también se le conoce, rebasa las 4 mil toneladas anuales.

La planta de la pitahaya es un cactus suculento, rústico, epífito, trepador, con frutos de sabor agradable, el cual crece bajo el calor de las zonas tropicales de los estados de Guerrero, Puebla, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. En México, en el año 2016, se contabilizó una superficie cosechada de más 800 hectáreas.
Esta fruta ha sido utilizada de varias formas, por ejemplo, las culturas prehispánicas celebraban la cosecha preparando una bebida llamada colonche, que es el jugo de la pulpa de tunas y de pitahayas fermentadas al sol en ollas de barro, también, esta bebida fue utilizada con fines curativos especialmente para tratar la tuberculosis y problemas pulmonares. Más tarde, cuando los pueblos fueron conquistados por los españoles, la pitahaya se producía con el fin de obtener un colorante rojo.
En la actualidad, el uso principal de la pitahaya es para consumo en fresco o bien preparada como bebida refrescante, de igual manera puede degustarse en puré, postres, mermeladas, jaleas, jarabes y frituras ya que posee un alto valor nutritivo, pues es rica en vitamina C, calcio, potasio y fósforo; asimismo se utiliza en repostería como colorante artificial, y en menor medida, sirve como forraje para el ganado. Entre las cualidades y curiosidades de la pitahaya es que ¡sólo vive durante una noche! El cactus produce una hermosa flor rosada o amarilla, llamada comúnmente “Flor de Luna” o “Reina de la Noche”, la planta florece del atardecer a medianoche, es polinizada por polillas o murciélagos para finalmente marchitarse con la fuerte luz del sol.
Sabías que…
Los aztecas comían pitahayas cada vez que les era posible, por su alto contenido de agua, con ello prevenían la deshidratación y se libraban de enfermedades relacionadas con el calor.
 Autor
Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación

viernes, 12 de mayo de 2017

Territorio e identidad mazahua en la fiesta patronal de San Pablo, Tlalchichilpa, Estado de México





  •  Cristina Chávez Mejía,   Juan Luis Ramírez Torres,   Johanna Guadarrama Vilchis 
  •  
    En México, el estudio de territorios indígenas y campesinos tiene importancia ambiental, social, económica y cultural, donde las actividades agropecuarias y la vida comunitaria mantienen su riqueza biocultural como las fiestas patronales. En ellas se observan procesos en los que convergen espacios, tiempos y se refuerza la relación sociedad-ambiente. En este artículo se analiza cómo a partir de la fiesta patronal se da significado y se resignifica el espacio en diferentes puntos de influencia, lo que construye un territorio simbólico ligado a las actividades agropecuarias. De 2014 a 2015 se llevó a cabo una investigación mediante el método etnográfico sobre la fiesta patronal en un ejido mazahua en el Estado de México. La práctica de este festejo involucra tanto el espacio para fines productivos agropecuarios como la apropiación simbólica y tangible del mismo, lo que reafirma la identidad de la gente y el derecho sobre su territorio.

domingo, 23 de abril de 2017

Los Paisajes Culturales en Pantelho, Chiapas

           Fotografia: isoftweb.org/tzotziles.html

El paisaje cultural está compuesto por elementos físicos y la expresión cultural de un determinado grupo humano sobre un territorio concreto. Para reconocer los cambios paisajísticos se analizan las dinámicas socio-culturales en dos localidades del municipio de Pantelhó, donde conviven tres grupos culturales: la población mestiza y tsotsil en el ejido Pantelhó y la población tseltal en la localidad de San Fernando. En el trabajo se reconocen diferentes formas de apropiación territorial que permiten entender el mosaico paisajístico en un determinado tiempo y espacio. Los paisajes culturales están clasificados de acuerdo a las actividades humanas y los cambios en la cobertura boscosa entre los años de 1970 y 2012, evaluados con imágenes aéreas y satelitales. La utilidad de este trabajo radica en aportar un insumo para la toma de decisiones, que favorezca el desarrollo rural y sustentable a escala local y municipal, donde se considere a la población local a partir de su cultura y cómo ésta ha influido históricamente sobre el territorio.
    Autores
    Velasco Alcántara, E. L.,  &  Hamilton R., T. T.,   (2016). Los paisajes culturales en Pantelhó, Chiapas: la construcción de la diversidad territorial,  Revista de Geografía Agrícola, (57) 99-112. http://dx.doi.org/10.5154/r.rga.2016.57.002

martes, 18 de abril de 2017

Importancia sociocultural del proceso productivo del mezcalen el ejido de San Pedro Chichicasco, Malinalco, México




María Guadalupe García Aguilar (1)

Resumen
El proceso de producción del mezcal en la comunidad de San Pedro Chichicas-co, Estado de México, se encuentra arraigado a la forma de vida y cultura de la comunidad. Su participación en la economía familiar y local, lo convierten en un proceso de importancia por las implicaciones económicas y culturales que repre-senta.  Los  habitantes  de  la  comunidad  han  realizado  esta  actividad  desde  hace aproximadamente 70 años, por lo cual han desarrollado y acumulado saberes que se ven reflejados en sus prácticas y tecnologías tradicionales.


Palabras clave: Mezcal, cultura, saberes, prácticas y tecnologías tradicionales.

1. Universidad Autónoma Chapingo. Estudiante de la Maestría en Sociología Rural. Carretera México-Texcoco, km 38.5, Chapingo, Estado de México. C. P. 56230. Correo-e: liht-1790@hotmail.com



domingo, 19 de marzo de 2017

Monografía de los yumanos.


En el norte de Baja California residen cinco grupos indígenas: los cucapá, kiliwa, pa ipai, kumiai y tipai, quienes pertenecen a la familia etnolingüística yumana que incluye a otros siete grupos que se encuentran distribuidos en los Estados Unidos.

En el norte de Baja California residen cinco grupos indígenas: los cucapá, kiliwa, pa ipai, kumiai y tipai, quienes pertenecen a la familia etnolingüística yumana que incluye a otros siete grupos que se encuentran distribuidos en los estados de Arizona y California, Estados Unidos, los quechan, yuma, maricopa, mojave, yavapai, hualapai y havasupai. 
Todos estos grupos —a diferencia de sus antecesores, los sandieguito y lajollano— tienen cuatro particularidades: 1) haber alcanzado una gran presencia en todos los ecosistemas situados desde el suroeste de Estados Unidos hasta el Desierto Central de Baja California; 2) pertenecer al período que los arqueólogos identifican como prehistórico tardío (2, 500 a.C.); 3) haber trascendido al siglo XX y XXI y por ende 4) haber sido el único grupo de origen prehistórico que estableció contacto con los colonizadores europeos, mexicanos y estadounidenses, y que sobrevive hasta el presente.
En la actualidad, los yumanos de Baja California son sedentarios y radican en quince asentamientos ubicados en los municipios de Ensenada, Tecate, Rosarito y Mexicali. En estas localidades, la tenencia de la tierra asume las modalidades de bienes comunales, ejidos y comunidades de hecho, con un total de 419, 676 hectáreas. Ahí, los miembros de los distintos grupos yumanos sobreviven de una incipiente agricultura de autosubsistencia, de la crianza de ganado bovino, equino y caprino en pequeña escala y de la cría de animales de corral, principalmente gallinas, así como del corte y recolección de plantas silvestres que comercializan, y del trabajo asalariado.
En el pasado, sin embargo, los yumanos no vivían en asentamientos sedentarios pues poseían un esquema distinto de subsistencia. Como es sabido, estos grupos constituían bandas de cazadores y recolectores nómadas que deambulaban estacionalmente a lo largo de un extenso territorio en su búsqueda de presas y especies de flora comestible, y también hacia las costas en donde pescaban o recolectaban moluscos.
La transición de este estilo de vida a uno de tipo sedentario, así como la incorporación de los yumanos al proceso de globalización, implicó la sucesión de por lo menos tres ciclos de contacto y colonización, cuyos protagonistas fueron, durante los siglos XVII y XIX, los exploradores, soldados, y misioneros europeos; en el siglo XIX, los exploradores, mineros y rancheros estadounidenses que obtuvieron concesiones de tierras en territorio bajacaliforniano; y a medidados del siglo XX, los campesinos sin tierra que acudieron a Baja California al reparto agrario.
Sin lugar a dudas, estos ciclos de contacto y colonización han producido una serie de transformaciones en el aspecto social, económico y cultural de estos grupos. Por una parte, es innegable que los grupos yumanos de Baja California observaran altos ínidces de desempleo, bajos niveles de ingreso, difícil acceso a los servicios de salud, malas condiciones en la vivienda y carecen de los servicios básicos en sus asentamientos. Por otra parte, hay quienes han afirmado que uno podría dormir en una de las localidades yumanas sin percatarse de que se trata de un lugar indígena; incluso, algunos dicen que uno bien podría tomar un autobús sin darse cuenta de que el conductor es yumano. Esto ha conducido a los especialistas a diagnosticar en repetidas ocasiones su extinción y asimilación cultural.

YUMANOS. Cucapá, Kiliwa, Pa ipai y Kumiai. Everardo Garduño.

Monografía de los Chichimecas Jonaces.



Son misterio, son historia, son leyenda, son sabiduría, son inteligencia, son raíces ancestrales. Son palabra, oído y canto, son costumbre y tradición. Son presente, pasado y futuro, ellos son éza’r, personas que viven y que se niegan a morir.

Serie: Pueblos Indígenas de México en el Siglo XXI

El pueblo úza’ habita en la localidad conocida como Misión de Chichimecas, asentada en el estado de Guanajuato. Los éza’r, como se autodenominan, son descendientes de los antiguos habitantes de la Gran Chichimeca, asimismo son el último reducto de esa milenaria cultura.
Si se piensa en que el territorio que habita un pueblo indígena es patrimonio cultural y medio físico en el que se desarrolla a lo largo del tiempo; y en que la cosmovisión, la geografía, el sentido de identidad y los hechos cotidianos y/o sagrados se nombran, se crean y se recrean a través de la lengua, se estará evocando dos aspectos centrales que se abordan en esta monografía en la que se intenta mostrar el panorama contemporáneo del pueblo úza’.

La lengua y el territorio son los dos ejes por los que transcurre el acercamiento a las tradiciones de los éza’r, a su medicina tradicional, a su organización socio-económica y a los cambios y adaptaciones que sus habitantes han ido haciendo en el transcurso del tiempo.
El libro resalta la historia chichimeca a partir del perfil cultural de los antiguos chichimecas y de su trayectoria como indomables guerreros en el proceso de colonización--pacificación de la Gran Chichimeca que los gobiernos virreinales sostuvieron durante más de 200 años. También se señalan algunos elementos sobre la pérdida y la dotación de un nuevo territorio para los chichimecas jonaz cuando despuntaron los gobiernos posrevolucionarios.
También hace referencia a la situación actual de riesgo de extinción del idioma úza’, además se informa acerca del número actual de hablantes y acerca del proyecto de fortalecimiento y rescate de la lengua que se lleva a cabo en la localidad. El autor hace un análisis somero de la estructura lingüística del úza’ y evidencia el vínculo intrínseco de la lengua y la cosmovisión mediante la ejemplificación con vocablos cuyo significado alude a la concepción del cuerpo humano, explica la forma en que se denominan los géneros (masculino y femenino) y habla de la íntima relación que la lengua y la cultura úza’ tienen con el entorno ambiental.  Además, el autor ofrece al lector la oportunidad de conocer algunos vocablos del úza’ relacionados con cada uno de los temas que integran la monografía.
Descargar la Monografía de los Chichimecas Jonaces (PDF)